Trabajar en automatización industrial tiene algo curioso: los proyectos rara vez empiezan siendo “bonitos”. Casi siempre comienzan siendo grandes, complejos… y un poco intimidantes. Y precisamente por eso terminan enseñando más de lo que uno esperaba.
Quiero compartir un poco de lo que aprendí durante mi primer año como Ingeniera de Proyectos enfocada en programación de PLC. Durante ese periodo tuve la oportunidad de participar en tres proyectos relacionados con sistemas de bombeo dentro del sector minero. Cada uno representó retos distintos, pero el primero de ellos fue, sin duda, el que más marcó mi crecimiento profesional.
De ese les hablaré en esta ocasión...
Curiosamente, todo empezó antes de que yo siquiera pudiera entrar a la mina.
Este primer proyecto comenzó durante mis residencias profesionales. Por cuestiones de normas de seguridad de la mina, no era posible que accediera al sitio siendo todavía estudiante, así que todo el trabajo inicial ocurrió a distancia. En ese momento, el proyecto existía para mí únicamente en documentos, diagramas… y en mi imaginación —no se que hubiera sido de mi, si no tuviera la fortuna de tener una muy buena imaginación—.
Recuerdo pasar tiempo observando el área desde Google Maps, tratando de entender cómo se distribuían las instalaciones. Intentaba imaginar el recorrido de las tuberías, la ubicación de los represos, la lógica de operación del sistema —ni siquiera tenía contacto con personal del área, así que estaba a ciegas hasta en eso—.
En ese momento, la verdad es que no dimensionaba lo grande que realmente era todo, ni el impacto que tendría en mi trabajar en ello. Eso lo entendí hasta que estuve ahí por primera vez, ya después de haber sido contratada.
Un Sistema Grande… y Con Historia
El proyecto consistía en un sistema de rebombeo de PLS compuesto por dos represos: uno con nueve bombas y otro con seis. En total, quince líneas de bombeo, cada una con tres válvulas operables de forma remota, además de toda la instrumentación asociada.
En otras palabras: un sistema grande, complejo y con bastante historia detrás.
Recuerdo muy bien mi primer día en campo. La magnitud de los equipos imponía por sí sola. Y, para hacerlo más interesante, algunos operadores comentaban que varias personas habían pasado por el proyecto anteriormente sin lograr resultados satisfactorios.
Siendo mi primer proyecto, la sensación de intimidación era real.
Cuando el Sistema Empieza a Tener Sentido
Con el tiempo, el sistema comenzó a tomar forma.
El programa base presentaba varios retos: lógica repetitiva, estructuras poco claras y algunas ineficiencias. Gran parte del trabajo consistió en analizar lo que ya existía, entenderlo y reorganizarlo. Básicamente, fue un ejercicio constante de ingeniería inversa para simplificar, ordenar y estructurar mejor la lógica del sistema.
Seguramente hoy haría algunas cosas de manera diferente. Probablemente aplicaría mayor estandarización o simplificaría aún más ciertas partes del código. Pero esa es precisamente la esencia del aprendizaje: cada proyecto deja herramientas que se aplican en el siguiente.
El Salto Técnico
Desde el punto de vista técnico, este proyecto marcó un antes y un después.
Durante su desarrollo aprendí a comunicarme con arrancadores SEL-710 —bendita seas, comunicación Modbus—, a configurar elementos en PlantPAx tanto en el PLC como en el HMI, a realizar escalamientos y verificarlos correctamente, a identificar errores tanto de campo como de programación, y a entender cómo cada decisión en el código puede impactar directamente en la operación del sistema.
También estuvieron las pruebas, que al principio imponían bastante respeto. La posibilidad de cometer un error en un sistema real siempre pesa. Con el tiempo, preparación y trabajo en equipo, ese miedo se fue transformando en confianza, y logramos ejecutar las pruebas de manera segura junto con el personal del área y el equipo de trabajo.
Más Allá de la Parte Técnica
Sin embargo, lo más valioso que dejó este proyecto no fue únicamente técnico.
Aprendí a confiar en mi criterio, a tomar iniciativa cuando algo no salía como estaba planeado y a resolver problemas en tiempo real. En proyectos de automatización, pocas cosas ocurren exactamente como en el papel, y desarrollar esa capacidad de adaptación termina siendo tan importante como saber programar.
También aprendí algo importante: el tamaño de un proyecto no define el tamaño de la capacidad de quien lo ejecuta.
La Mejor Escuela
Al final, ese sistema que al inicio parecía un “monstruo” terminó convirtiéndose en una de las mejores escuelas posibles.
Hoy lo veo con mucho orgullo. A pesar de las dudas y de la curva de aprendizaje natural de un primer proyecto, estoy convencida de que hice el mejor trabajo posible con las herramientas y conocimientos que tenía en ese momento.
Ese proyecto no solo me ayudó a crecer como ingeniera, también marcó el inicio de mi camino como programadora de PLC. Y, siendo honesta, difícilmente podría haber existido un mejor lugar para empezar.
Comentarios
Publicar un comentario